Elecciones EEUU, América

Elecciones legislativas en Estados Unidos

Bush a exámen

Miembros de la guardia de honor de
Miembros de la guardia de honor de
Marines durante el funeral del soldado Eduardo Lopez, caído en Irak y enterrado en el cementerio de Sant Paul, en Montgomery, Illinois. REUTERS

Pocas veces han recibido tanta expectativa unas elecciones legislativas de mitad de periodo como las que se celebran el 7 de noviembre. Los bajos índices de popularidad del presidente norteamericano, George W. Bush, y la creciente oposición a la guerra en Irak han alimentado las aspiraciones de los demócratas para recuperar la Cámara Alta del Congreso, que perdieron en 2003 en favor de los republicanos y que ha permitido a Bush desarrollar su programa política sin mayor dificultad.

Realmente, los comicios se han convertido en un plebiscito sobre la política exterior de Bush en Irak. El incremento de la violencia sectaria en este país y la falta de perspectivas de un retorno rápido de las tropas estadounidenses desplegadas allí actúan en contra de los candidatos republicanos.

La oposición ciudadana a la guerra en Irak, que ha sumergido la popularidad del presidente en mínimos históricos, ha alentado a muchos conservadores a alejarse de los postulados de su líder para evitar perder a sus votantes.

Las estrategias políticas desarrolladas por los candidatos republicanos y demócratas se han visto determinadas por su posible penalización por su apoyo a la guerra. Es el caso, por ejemplo, del senador demócrata por Connecticut, Joe Lieberman, cuyo apoyo a Bush en la guerra en Irak le ha costado ya en las primarias el apoyo de sus bases, favorables a un candidato más en línea con las tesis liberales y críticas con la intervención en Irak.

La Administración norteamericana ha intentado plantear la cita electoral como una decisión entre dos opciones: La "victoria" en Irak, que ellos defienden, o una retirada que dejaría campo libre a los terroristas, por la que apuestan los demócrátas. En cualquier caso, ésta es la cuestión central para los electores, de los que el 50% ha manifestado en una reciente encuesta de la cadena de televisión CNN que Irak es "extremadamente importante" en su decisión electoral.

Inmigración
La inmigración y las medidas dictadas desde la Casa Blanca sobre esta materia es otra de las cuestiones a tener en cuenta. Aunque el tema de la inmigración afecta fundamentalmente a los estados fronterizos con México -pocos hablan de asegurar las fronteras con Canadá-, la afluencia de extranjeros, principalmente desde Latinoamérica, llegados de forma ilegal, y el temor a que una frontera tan porosa como la mexicana permita la entrada de terroristas en territorio americano han introducido la cuestión en el debate nacional.

Cerco fronterizo que divide México de Estados Unidos en el tramo de la ciudad
Cerco fronterizo que divide México de Estados Unidos en el tramo de la ciudad
de Tecate, en el estado mexicano de
Baja California Norte. EFE

Las últimas estadísticas sitúan el número de inmigrantes ilegales en EEUU en once millones de personas, la mayor parte de ellos procedentes de Latinoamérica y en muchos casos residiendo en el país desde hace años, pagando impuestos y formando familias. La economía norteamericana, sobre todo en los estados fronterizos no puede sobrevivir sin la mano de obra barata que suponen los ilegales, pero el volumen de inmigrantes hace necesario regularizar su situación.

Dos años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el Servicio de Inmigración y Naturalización pasó a depender del Departamento de Seguridad Nacional y fue renombrado Servicio de Ciudadanía Estadounidense e Inmigración, en lo que refleja el temor a la entrada de terroristas por las fronteras. La tensión con la población hispana instalada en el país creció tras la formación en los estados fronterizos de patrullas de voluntarios para vigilar la frontera con México.

En diciembre del pasado año, la Cámara de Representantes aprobó una propuesta de ley sobre inmigración con los votos a favor de 239 legisladores y 182 votos en contra, en la que se urgía a la construcción de un muro y elevaba la presencia ilegal en Estados Unidos a categoría de delito grave. Meses después, en mayo, el Senado aprobaba con 62 votos a favor y 36 en contra una propuesta de ley que contenía cláusulas relativas a incrementar la seguridad en la frontera pero a diferencia de la Cámara de Representantes contemplaba una vía para obtener la ciudadanía.

Por su parte, el presidente estadounidense tomó también partido y en mayo pronunció un discurso en el que urgía a las Cámaras a alcanzar un acuerdo en sus propuestas, asegurando que existe un "punto intermedio" entre la deportación masiva y la amnistía. Asimismo, anunció el envío de 6.000 efectivos de la Guardia Nacional para controlar la frontera con México.

No hay posiciones claras en relación a este tema, la creciente población hispana, generalmente partidaria del voto demócrata, ejerce presión en los estados fronterizos y ni conservadores ni liberales desean perder dichos votos. A pesar de que el presidente Bush aprobó hace algunas semanas la construcción de la verja entre México y Estados Unidos, en los estados del sur se considera una maniobra electoral para contentar temporalmente a los republicanos que reclaman endurecer el control.

En el estado de Nuevo México, donde la población hispana alcanza el 40% del total, los contendientes han optado por abandonar el tema de sus propuestas electorales y nadie habla de inmigración.

Escándalos republicanos
A la cada vez menor popularidad de Bush hay que añadir los escándalos que en el último año han sacudido a relevantes miembros del partido, el último de ellos el del representante republicano por Florida Mark Foley.

Mark Foley,ex congresista republicano implicado en un presunto acoso sexual a varios adolescentes. REUTERS
Mark Foley,ex congresista republicano implicado en un presunto acoso sexual a varios adolescentes. REUTERS
Foley ha puesto la guinda a un pastel de escándalos que comenzó en enero de este año cuando el lobbyista Jack Abramoff se declaraba culpable de soborno. El escándalo homosexual de Foley alcanzó incluso al portavoz republicano por Illinois J. Dennos Hastert, a quien desde las filas republicanas se le reclamó también la dimisión por conocer de antemano la situación en la que se encontraba Foley y no haberla denunciado.

Demócratas y republicanos han rescatado en estas elecciones las acusaciones de corrupción para atraer votantes. Los demócratas, según la última encuesta del Washington Post tienen ventaja frente a los conservadores, siendo la principal razón que la mayor parte de los escándalos han afectado a los republicanos.

La guerra de Irak, la inmigración y los escándalos que han sacudido a varios políticos en el último año son los pilares sobre los que ha girado la campaña y las cuestiones que determinarán el voto de los norteamericanos.

La oposición ciudadana a la guerra en Irak, que ha sumergido la popularidad del presidente en mínimos históricos, ha alentado a muchos conservadores a alejarse de los postulados de su líder para evitar perder a sus votantes.

Bush ha planteado la cita electoral como una decisión entre dos opciones: La "victoria" en Irak, que ellos defienden, o una retirada que dejaría campo libre a los terroristas, por la que apuestan los demócrátas.

Aunque el tema de la inmigración afecta fundamentalmente a los estados fronterizos con México -pocos hablan de asegurar las fronteras con Canadá-, la afluencia de extranjeros, principalmente desde Latinoamérica, llegados de forma ilegal, y el temor a que una frontera tan porosa como la mexicana permita la entrada de terroristas en territorio americano han introducido la cuestión en el debate nacional.

A la cada vez menor popularidad de Bush hay que añadir los escándalos que en el último año han sacudido a relevantes miembros del partido, el último de ellos el del representante republicano por Florida Mark Foley, acusado de abusos sexuales a menores.

_Redacción