


La guerra de Irak, la inmigración y los escándalos que han sacudido a varios políticos en el último año son los pilares sobre los que ha girado la campaña y las cuestiones que determinarán el voto de los norteamericanos.
La oposición ciudadana a la guerra en Irak, que ha sumergido la popularidad del presidente en mínimos históricos, ha alentado a muchos conservadores a alejarse de los postulados de su líder para evitar perder a sus votantes.
Bush ha planteado la cita electoral como una decisión entre dos opciones: La "victoria" en Irak, que ellos defienden, o una retirada que dejaría campo libre a los terroristas, por la que apuestan los demócrátas.
Aunque el tema de la inmigración afecta fundamentalmente a los estados fronterizos con México -pocos hablan de asegurar las fronteras con Canadá-, la afluencia de extranjeros, principalmente desde Latinoamérica, llegados de forma ilegal, y el temor a que una frontera tan porosa como la mexicana permita la entrada de terroristas en territorio americano han introducido la cuestión en el debate nacional.
A la cada vez menor popularidad de Bush hay que añadir los escándalos que en el último año han sacudido a relevantes miembros del partido, el último de ellos el del representante republicano por Florida Mark Foley, acusado de abusos sexuales a menores.